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El templo en tiempos de Jesús


Reconstrucción en maqueta de la explanada del templo en tiempos de Jesús. Nótese la torre Antonia en el ángulo noroccidental; el pórtico real o basílica en el borde sur, con las dos puertas de Hulda en la parte de abajo.
Véanse las columnatas del pórtico de Salomón en los lados norte, oeste y este.
Distíngase el recinto sagrado del edificio que hay en mitad de la explanada, del resto de la explanada que era el atrio de los gentiles.
Dentro del recinto sagrado distinguimos un primer atrio de las mujeres, y más al interior el atrio de los sacerdotes, y el edificio del templo propiamente dicho.

Mar de Galilea

Preciosa vista del mar de Galilea  desde un hotel cercano. A las seis de la mañana, el sol ya esta iluminando esta region.

El Monte de las Bienaventuranzas


Como su nombre indica, ésta es la colina desde la cual se dice que Jesús pronunció el “Sermón de la montaña". El terreno situado junto a la iglesia forma un anfiteatro natural que desciende ladera abajo hasta la orilla del lago, por lo que es más probable que Jesús estuviera al pie de la colina, pero ello no resta en lo más mínimo belleza a la iglesia que se ha construido en su cima.

Mateo, capítulo 5
1 Al ver a la gente, Jesús subió al monte, se sentó y se le acercaron sus discípulos. 2 Entonces comenzó a enseñarles con estas palabras: 3 “Dichosos los pobres en el espíritu, porque suyo es el reino de los cielos. 4 Dichosos los que están tristes, porque Dios los consolará. 5 Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra. 6 Dichosos los que tienen hambre y sed de hacer la voluntad de Dios, porque Dios los saciará. 7 Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos. 8 Dichosos los que tienen un corazón limpio, porque ellos verán a Dios. 9 Dichosos los que construyen la paz, porque serán llamados hijos de Dios. 10 Dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el reino de los cielos . 11 Dichosos seréis cuando os injurien y os persigan, y digan contra vosotros toda clase de calumnias por causa mía 12 Alegraos y regocijaos, porque será grande vuestra recompensa en los cielos, pues así persiguieron a los profetas anteriores a vosotros”.
13 “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvirtúa, ¿con qué se salará? Para nada vale ya, sino para tirarla fuera y que la pisen los hombres”.

El monte de los olivos


El Monte de los Olivos se alza en el valle de Kidron, justo al este de la ciudad antigua. Verde, fértil y en la actualidad con más iglesias, capillas y cementerios que olivos, su cumbre ofrece una vista magnífica de toda Jerusalén y en la otra dirección del desierto de Judea, el valle del Jordán y las montañas de Moab. El monte está cargado de significado bíblico: se cita en el Antiguo Testamento como el lugar donde David lloró la muerte de su rebelde hijo Absalón (2 Sam 15, 30) y también está estrechamente relacionado con la figura de Jesús, que solía caminar por allí desde Betania hasta Jerusalén.
Existe una minúscula mezquita conocida como capilla de la Ascensión, donde hubo una iglesia desde el 390 d. C. El pequeño edificio actual data de la época de los cruzados y fue convertido en mezquita por Saladino en 1198. La pequeña cripta mortuoria que hay junto a la mezquita tiene interés para las tres religiones: los judíos creen que contiene la tumba de la profetisa Hulda, una de las únicas siete profetisas que se mencionan en el Antiguo Testamento; los cristianos dicen que es la tumba de Santa Pelagia y los musulmanes afirman que Rabi'a al-Adawiya, una mujer santa del siglo V, está enterrada allí.
La iglesia del Pater Noster está situada en un jardín cercado y erigida sobre la cueva en la que Jesús predicó sobre el último conflicto del bien y el mal que conduce al fin del mundo (Mt 24, 1-25). La basílica Eleona original (o basílica de los Olivos), construida bajo la supervisión de Helena, la madre de Constantino, quedó destruida durante la invasión de los persas en el 614. Posteriormente, los cruzados, en la creencia de que Jesús enseñó aquí a sus discípulos el Padre Nuestro, le dieron a la iglesia el nombre actual, aunque el edificio que se levanta allí data de 1894, de cuando el lugar estuvo bajo el cuidado de monjas carmelitas. En el interior, un corto tramo de escalera conduce hasta la tumba de la Princesa de la Tour d'Auvergne, que compró la propiedad en 1868 y mandó grabar el Padre Nuestro, en 62 idiomas, en unos paneles que hay en la entrada y en el claustro.
La iglesia franciscana de Dominus Flevit se construyó en 1955 sobre los restos de una capilla monástica del siglo V y es obra del arquitecto italiano Antonio Barluzzi.
A mitad de este mismo escarpado camino se encuentra la iglesia rusa blanca de Santa María Magdalena, cuyas siete cúpulas doradas la convierten en otro de los puntos emblemáticos de Jerusalén. Fue mandada erigir en 1885 por el zar Alejandro III al antiguo estilo ruso. Su cripta alberga los restos de su madre, la princesa Alicia de Grecia.
Más abajo, a la izquierda, se alza la iglesia de Todas las Naciones, así llamada porque su construcción corrió a cargo de doce países diferentes. También se la conoce como la basílica Getsemaní de la Agonía, debido a que fue aquí donde Jesús vino a orar con sus discípulos y donde Judas lo traicionó. También obra de Barluzzi, la iglesia se erigió sobre las ruinas de otras dos: la Egeria, del 380 d. C., aproximadamente, y una basílica cruzada de alrededor del 1170.
Enmarcando la entrada hay un impresionante arco de mosaico de estilo bizantino; en la nave se ve la roca donde se dice que Jesús lloró antes de ser arrestado. Ésta, junto a gran parte del pavimento de mosaico, pertenece a la iglesia del siglo IV.

Una vez que se desciende del monte, a la derecha está la tumba de la Virgen, el supuesto lugar donde se enterró a María. Algunos escritores del siglo IV situaban en el lugar una iglesia, aunque lo único que encontraron los cruzados fueron sus ruinas. En 1130 la reconstruyeron los benedictinos y más tarde, después de que se marcharan los cruzados, los franciscanos se hicieron con ella; desde entonces ha estado en manos de griegos, armenios, sirios, coptos, abisinios y musulmanes. Allí se encuentra la tumba de la reina cruzada Melisanda, que murió en 1161, y enfrente el panteón de los miembros de la familia de su hijo el rey Balduino II; en el centro hay una cripta bizantina. La tumba de piedra de María es venerada también por los musulmanes, porque, según se dice, Mahoma, en el viaje que realizó de noche de La Meca a Jerusalén, iluminó la tumba de María.
A muy poca distancia está la gruta de Getsemaní, que compite con la iglesia de Todas las Naciones por ser el lugar donde Jesús oró.