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mapa de la ciudad vieja de Jerusalén


En un mapa de la ciudad vieja  de Jerusalén señalamos el recorrido actual que siguen los peregrinos desde el lugar donde estuvo la Torre Antonia hasta la basílica del santo sepulcro. Hay que atravesar un primer tramo del barrio musulmán e internarse luego en el barrio cristiano

La ciudad de David

LA CIUDAD DE DAVID
Al sur del monte Moria, emplazamiento del Templo, el monte Ofel alberga la Ciudad de David, la parte más antigua de Jerusalén, habitada desde principios del periodo cananeo. Las excavaciones comenzaron en los años sesenta bajo la supervisión de la arqueóloga K. Kenyon, quien descubrió las tumbas cananeas, ofreciendo con ello la primera prueba de que la zona había estado habitada. En total se han descubierto 25 estratos de asentamientos, incluidos los impresionantes restos de la ciudad alta, donde vivían los ricos. Un camino bien señalizado con explicaciones y diagramas que describen la importancia de cada edificación recorre todo el yacimiento. Desde la ciudad alta se ven las grandes murallas de piedra de la base de la ciudadela cananea del siglo XVIII a. C., que sirvió para defender la ciudad jebusea contra Josué, que fue finalmente conquistada por David 200 años después. También se ven los restos de los cimientos de piedra de la fortaleza de David y de los edificios destruidos durante la conquista babilonia de 586 a. C.
Al pie del monte Ofel se encuentra la fuente de Gihon, cuyas aguas fueron antiguamente vitales para Jerusalén y probablemente la razón de que los jebuseos construyeran su ciudad allí. Durante el asedio asirio en el 701 a. C. el rey Ezequías tomó complicadas medidas para proteger el suministro de agua de la ciudad y cerrar el de sus atacantes, lo que les llevó a tapar la salida natural del agua y desviar su curso hacia el lado oeste de la ciudad de David con la ayuda de un túnel subterráneo de 512 m. de largo que se construyó por debajo del muro de la ciudad. La inscripción conmemorativa del momento en que se encontraron los dos equipos de obreros que excavaban el túnel de Ezequías desde los dos extremos está ahora en el Museo del Antiguo Oriente de Estambul.
El túnel sale a la piscina de Siloé, versión reducida de la piscina donde, según el evangelio de Juan, un ciego quedó curado al lavarse en esas aguas por orden de Jesús. Al principio del túnel se encuentra el pozo de Warren, descubierto en el siglo XIX y que al parecer fue excavado en la roca por los jebuseos. Quizá fuera utilizado por Joab, emisario de David, para penetrar en las defensas de la ciudad.

El Mechitza (valla entre hombres y mujeres)

El área de la oración en la base de la pared se divide en dos de lado a lado de las secciones. Esta separación (en hebreo, mechitza ) tiene el mandato de la ley judía, ya que se considera indecente para los hombres y las mujeres para orar juntos. De esta manera, la santidad de la zona se conserva, y todos los segmentos de la nación judía son capaces de orar en el Muro de comodidad.
Valla ornamental entre el área de la oración y la plaza mayor
Aviso de la valla de separación entre el área de la oración y la plaza más grande detrás de él. Los turistas que visitan la pared para mirar y tomar fotos permanecer detrás de la valla donde no molesten a los que oran. La cerca está hecha de columnas de piedra, rematado por una rejilla metálica. En 2004, la valla se trasladó de nuevo a hacer la zona de oración más grande.
Corre a lo largo de la valla es un toldo blanco de gran tamaño. Esto es para dar cabida a la celebración del Bar Mitzhah muchos que tienen lugar en la pared, que ofrece una zona de sombra durante los calurosos meses de verano.
La plaza mayor también es utilizado por las Fuerzas de Defensa de Israel para la ceremonia de inducción de los nuevos soldados, donde reciben tanto una Biblia y una pistola.
Colina hasta el Monte del Templo

A la derecha del área de la oración es un camino que va cuesta arriba, lo que lleva a una puerta que se abre hacia el Monte del Templo en sí. La vía original fue dañado en un terremoto en 2004, y una pasarela de madera temporal se ha instalado a la izquierda de la colina. El gobierno israelí ha decidido eliminar la colina, por temor a que pueda colapsar.
Un excavaciones arqueológicas se llevarán a cabo en la zona de abajo, que promete revelar los tesoros de la época del Segundo Templo. Un puente de acero nuevo se construirá para acceder al Monte del Templo. (Esto también se ampliará la sección de mujeres de la pared.)
Ya que no se sabe exactamente en qué parte del Templo de pie, Judios están prohibidas por ley de la Torá a poner un pie en el Monte del Templo, hasta el momento en que el templo sea reconstruido. Grupos de turistas cristianos y fieles musulmanes, sin embargo, se pueden ver subiendo la colina que lleva al monte.
Puertas a la izquierda del área de la oración
A la izquierda de la zona de oración, te darás cuenta de otro muro que forma el extremo norte de la Plaza del Muro Occidental. Esta pared es el límite del barrio musulmán, y por encima y detrás de él están las casas.
Hay tres puertas integrado en la base de esta pared. Los dos más pequeños, más alejado de la Muro de las Lamentaciones, el plomo en pequeñas habitaciones donde los libros de oración y otros artículos religiosos se mantienen.
La puerta que es la mayor y más cercano a la pared, conduce a una gran sala con techos abovedados. Esta habitación cuenta con varias áreas de oración y estudio, y se utiliza durante todo el día y especialmente durante las inclemencias del tiempo. En esta zona también es una sección femenina del pequeño, cuya entrada está separada por una puerta más atrás de la pared.
Habitación a la derecha del área de la oración (el lado de las mujeres)
A la derecha de la zona de oración en la sección de mujeres son una escalera que conduce a una puerta. Dentro de este portal es una selección de libros de oración, y un área de oración para su uso durante las inclemencias del tiempo.
Cabina a la izquierda de la entrada al lado de los hombres
En la entrada a la sección de la oración de los hombres es un pequeño stand. En este stand, los hombres que se acercan a la pared se les pide a cubrir sus cabezas en señal de respeto por la santidad del lugar. Se trata de una costumbre judía Judios para cubrir la cabeza de uno durante las horas de oración. Esto cubre la cabeza se llama kipá o Yarmulke, que es una contracción de las palabras hebreas Yira Malka , que significa "respeto por el rey." El propósito es recordarnos de Dios, la autoridad más alta "por encima de nosotros."
Cerca de allí, que con frecuencia se ve un cuadro que figura con pares de repuesto de los tefilín - filacterias. Estas cajas (con pergaminos de los versículos de la Torá) son usados ​​por los hombres judíos durante la oración de la mañana. Para aquellos que no han tenido la oportunidad de usar Tefilín ese día, que puede pedir prestado un par en este stand con el fin de cumplir con esta importante mitzvá.
Lavabos de lavado
En la entrada tanto a la de los hombres y las áreas de la mujer de oración son sumideros de lavarse las manos. Es costumbre de lavarse las manos antes de la oración con el fin de eliminar las impurezas - física o espiritual - que podría ser llevado en las manos, y puede obstaculizar la eficacia de nuestras oraciones.
basado en "El Muro de los Lamentos", publicado por el Ministerio de Defensa de Israel

Jerusalén en tiempos de Jesús


El año de nacimiento de Jesucristo reinaba sobre toda Palestina Herodes el Grande, hijo de padre idumeo y de madre árabe. Este Herodes, con el auxilio de Roma, se apoderó de Jerusalén el año 37 antes de Jesucristo. Y reinó en Palestina hasta su muerte, acaecida durante el destierro en Egipto de la Sagrada Familia. Con el fin de congraciarse con los judíos, restauró el templo de Jerusalén, agrandándolo y embelleciéndolo magníficamente, de tal manera que aun sin estar terminadas del todo las obras en tiempos de Jesucristo, era la admiración y el orgullo de sus contemporáneos. En su muerte, repartió Herodes sus estados entre tres de sus hijos: el mayor, Arquelao, legaba Judea y Samaria con el título de Rey; a Antipas, Galilea y Perea (este Herodes Antipas fue el que hizo degollar al Bautista y escarneció a Jesucristo en su pasión); a Filipo, los distritos del noreste (Batanea, Traconite y Paneas). Arquelao, a causa de sus crueldades, fue desterrado por Augusto a Viena de las Galias, donde murió el año 6 de nuestra Era. Desde entonces Judea y Samaria, que constituían sus Estados, quedaron definitivamente bajo el dominio directo de Roma, y gobernados por procuradores romanos. Hasta la muerte del Emperador hubo tres de estos gobernadores; y después, durante el reinado de Tiberio, otros dos: Valerio Grato (del 15 al 26 d. de Jesucristo) y Poncio Pilatos (del 26 al 36 d.C.).
Según San Lucas 3:1, el ministerio de Juan el Bautista comenzó en el año quince del imperio de Tiberio César, o sea en 29 d.C. Durante su reinado nombró a Pilatos gobernador de Judea y diez años después lo destituyó; más o menos a la mitad de ese decenio, Pilatos ordenó la crucifixión de Jesús. Algunas fuentes cristianas refieren que Pilatos envió al emperador un informe sobre el juicio y la ejecución de Jesús, pero no hay pruebas de que Tiberio haya tenido noticia del surgimiento de la nueva fe.
Situación religiosa:
Fue el mismo Dios el que, hallándose los hebreos acampados en la falda del Sinaí, después de su salida de Egipto, y luego de comunicarles su santa ley y de establecer con ellos una nueva alianza, por medio de Moisés, les dio una constitución religiosa, que fuese capaz de conservar en medio del mundo pagano el tesoro de la divina revelación, que en la plenitud de los tiempos se había de comunicar a todas las naciones.
El Templo de Jerusalén:
El centro del culto lo constituía principalmente el Templo de Jerusalén; el Templo primitivo fue construido por Salomón y destruídos sin piedad por los soldados de Nabuconodosor en 588; pero fue reconstruído por Zorobabel, a la vuelta del cautiverio de Babilonia, en el mismo sitio del anterior, en lo alto del monte Moria; aunque sin el esplendor y magnificencia del antiguo templo. Este segundo templo fue el que agrandó y embelleció Herodes el Grande. La parte más exterior del templo la formaban una serie de atrios y vestíbulos de gran capacidad; lo más interior del templo estaba formado por dos recintos llamados el Santo y Santo de los Santos. En el Santo se hallaba un pequeño altar de oro, sobre el que mañana y tarde se quemaban unos granos de incienso, y el candelabro de siete brazos y la Mesa para los panes de la Proposición, ambos también de oro. El Santo de los Santos era el lugar santísimo, que se componía de una sala cuadrada de unos veinte codos por cada uno de sus lados. Aquí sólo podía entrar el Sumo Sacerdote una vez al año, el día de la Expiación, donde hacía breve oración por su pueblo. Un espeso velo cubría la entrada. En otro tiempo, en el primer templo, ocupó este lugar el Arca de la Alianza. (P.Valentín Incio García, 1941)

Monumentos de Jerusalén:
La sequedad de la naturaleza en los alrededores de Jerusalén debía contribuir al desagrado de Jesús. Los valles carecían de agua; el suelo, árido y pedregoso. Cuando se domina con la vista la depresión del Mar Muerto, el espectáculo es abrumador, monótono. Solamente sostiene la mirada la colina de Mizpa, con sus recuerdos de la más vieja historia de Israel. En tiempos de Jesús la ciudad presentaba poco más o menos el mismo aspecto que hoy.No tenía muchos monumentos antiguos, ya que, hasta los asmoneos, los judíos permanecían ajenos a todas las artes; Juan Hyrcano había comenzado a embellecerla y Herodes el Grande había hecho de ella una ciudad magnífica. Las construcciones herodianas rivalizaban con las más perfectas de la antigüedad por su carácter grandioso, por su perfecta ejecución y la belleza de sus materiales. Multitud de tumbas, de gusto muy original, se levantaban cerca del templo en los alrededores de Jerusalén. Estos monumentos eran de estilo griego, apropiado a las prácticas de los judíos y modificados considerablemente según sus principios. Los ornamentos de escultura viviente que los Herodes se permitían, con gran disgusto de los rigoristas, eran desterrados en ellos, reemplazándolos por una decoración vegetal. El gusto de los antiguos habitantes de Fenicia y Palestina por las construcciones monolíticas talladas en la roca viva parecía revivir en estas singulares tumbas cortadas en los peñascos, y en las cuales los estilos griegos están magistralmente aplicados a una arquitectura troglodita. Jesús, que miraba las obras de arte como un pomposo alarde de vanidad, veía todos estos monumentos con malos ojos. Su espiritualismo absoluto y su opinión firme hacían que la estampa del viejo mundo le pasara desapercibida.
Sacerdotes:
[...] Los hombres más célebres del Talmud no son sacerdotes; son sabios según las ideas del templo. Sin embargo, el alto sacerdocio del templo tenía un rango muy elevado en la nación; pero no estaba enteramente a la cabeza del movimiento religioso. El soberano pontífice, cuya dignidad tanto había envilecido Herodes, se convertía cada vez más en un funcionario romano, que era revocado con frecuencia para hacer posible que el cargo aprovechara a todos. En oposición a los fariseos, celadores laicos muy exaltados, los sacerdotes eran casi todos saduceos, o sea, miembros de esa aristocracia incrédula que, habiéndose formado en torno al templo y viviendo del altar, veía en él sólo la vanidad. La casta sacerdotal estaba a tal punto separada del sentimiento nacional y de la verdadera dirección religiosa, que el pueblo identificaba el nombre "saduceo" (sadoki), que en principio designaba simplemente a un miembro de la familia sacerdotal de Sadok, con el de "materialista" y "epicúreo". (Renán, Vida de Jesús)

La destrucción de Jerusalén relatada por Flavio Josefo (70 d.C.)


(Su obra más antigua, La guerra de los judíos, constituye un repaso de la historia judía desde la conquista de Jerusalén por Antíoco Epífanes (siglo II a. de C.) hasta la revuelta del año 67 d.de C. A continuación narra la guerra que culminó en el año 73]. Tan solo treinta y tres años después de que Jesús la pronunció, comenzó a cumplirse la profecía acerca de Jerusalén y su templo. Las facciones radicales judías de Jerusalén estaban totalmente decididas a sacudirse el yugo romano. En el año 66 E.C., los informes a este respecto llevaron a la movilización y envío de legiones romanas acaudilladas por Cestio Galo, gobernador de Siria. Tenían la misión de sofocar la rebelión y castigar a los culpables. Tras hacer estragos en los arrabales de Jerusalén, los soldados de Cestio acamparon en torno a la ciudad amurallada. Para protegerse del enemigo, emplearon el método del testudo o tortuga: unieron los escudos formando algo parecido al caparazón de una tortuga. Josefo atestigua su eficacia: "Se deslizaban las flechas sin dañar, y [...] los soldados pudieron, sin riesgo, minar la muralla y prepararse para pegar fuego a la puerta del Templo". "Cestio -prosigue Josefo- retiró repentinamente sus tropas [...] y sin razones valederas abandonó la ciudad." Aunque seguramente Josefo no pretendía glorificar al Hijo de Dios, hizo relación del mismo suceso que los cristianos de Jerusalén habían estado esperando: el cumplimiento de la profecía de Jesucristo. Años antes, el Hijo de Dios había dado esta advertencia:
    Cuando vean a Jerusalén cercada de ejércitos acampados, entonces sepan que la desolación de ella se ha acercado. Entonces los que estén en Judea echen a huir a las montañas, y los que estén en medio de Jerusalén retírense, y los que estén en los lugares rurales no entren en ella; porque estos son días para hacer justicia, para que se cumplan todas las cosas que están escritas". (Lucas 21:20-22.)
En conformidad con las instrucciones de Jesús, sus fieles seguidores se apresuraron a huir de la ciudad, permanecieron lejos de allí y se libraron del terrible sufrimiento que le sobrevino. Cuando los ejércitos romanos regresaron en el año 70 E.C., Josefo escribió un relato detallado y realista de las consecuencias. El general Tito, el hijo mayor de Vespasiano, marchó a conquistar Jerusalén y su grandioso templo. En la ciudad luchaban varias facciones por el poder. Recurrían a medidas drásticas que resultaban en baños de sangre. "En vista de los males internos, [algunos] deseaban la entrada de los romanos", con idea de que la guerra "los libraría de tantas calamidades domésticas", explicó Josefo. Llamó a los insurgentes "ladrones" que destruían las propiedades de los opulentos y asesinaban a las personalidades sospechosas de colaborar con los romanos. La vida degeneró a un grado increíble durante la guerra civil, llegándose a dejar insepultos a los difuntos. "Los sediciosos luchaban sobre montones de cadáveres, y los muertos que pisoteaban avivaban su furor." Saqueaban y asesinaban para obtener comida y riquezas. Los lamentos de los afligidos eran incesantes. Tito exhortó a los judíos a rendir la ciudad a fin de salvar la vida. "Además encargó a Josefo que les hablara en su lengua materna, pensando que los judíos atenderían mejor a un hombre de su misma nación." Estos, empero, reprocharon a Josefo su actitud. A continuación, Tito cercó la ciudad con estacas puntiagudas. (Lucas 19:43.) Eliminada la posibilidad de escapar o desplazarse, el hambre "devoraba familias y hogares". La lucha continua siguió engrosando el recuento de víctimas. Sin saber que cumplía la profecía bíblica, Tito tomó Jerusalén. Más tarde, al contemplar las sólidas murallas y las torres fortificadas, exclamó: "Dios ha sido el que expulsó a los judíos de estas defensas". Perecieron más de un millón de judíos. (Lucas 21:5, 6, 23, 24.) (Galland 2003)
Flavio Josefo:
En el año 67 d.J.C., el emperador Nerón envió al general Tito Flavio Vespasiano a Palestina para sofocar una rebelión de la población judaica, que ya hacía años que duraba. Vespasiano venció a los judíos en Galilea y, en la conquista de la ciudad de Jotapata hizo prisionero a un joven muy inteligente llamado José ben Matías, un sabio en escrituras de la escuela patriótico-ortodoxa de los fariseos, que era considerado como caudillo y jefe espiritual de los rebeldes de Galilea. Este José ben Matías no fue crucificado ni obligado a salir a la arena, como solía hacerse con los que se rebelaban contra el poder romano; al contrario, aquel cabecilla supo ganarse el favor de Vespasiano y se convirtió en el acompañante inseparable del general en todas sus campañas victoriosas por Palestina. Según la tradición, eso fue debido a que José ben Matías profetizó a Vespasiano -algo orgulloso a pesar de su probidad y fidelidad- que pronto sería emperador de Roma. No se necesitaban especiales dotes de profeta para hacer semejante vaticinio, porque quien conociera las circunstancias del momento, podía muy bien calcular que, a la caída de Nerón , subiría al trono el hombre que tuviera las legiones más fuertes, y quien poseía las legiones más fuertes era Vespasiano. Cuando al cabo de dos años, Vespasiano entró en Roma como emperador, llevó consigo a José ben Matías, le concedió la ciudadanía romana y lo nombró historiador oficial del imperio. A partir de aquel momento, el antiguo fariseo vivió en la capital del mundo y, entre otras cosas, escribió una historia del pueblo judío, de la cual algunos pasajes se incorporaron al libro bíblico de los Macabeos. Ahora se llamaba Flavio Josefo y su libro, escrito con la intención de dar a conocer al mundo grecorromano la historia de su pueblo hasta entonces casi ignorada, es considerado hasta hoy, al lado del Antiguo Testamento, una de las fuentes esenciales para la época primitiva de Palestina, de aquel país pequeño, pero aún así sumamente importante, situado en la encrucijada de las grandes culturas. (Herbert Wendt. Empezó en Babel)

Relevancia de los escritos de Josefo sobre Jesús:
Josefo escribía más que nada para los paganos, no teniendo la misma sinceridad sus escritos [comparados con los de Filón]. Escuetas y sin color son sus noticias sobre Jesús, Juan Bautista, Juda el Gaulonita. Se nota que trata de presentar estos movimientos, tan judaicos de carácter y espíritu, de forma que sean inteligibles a griegos y romanos. Creo auténtico, en conjunto, el pasaje sobre Jesús. Cae dentro del gusto de Josefo y si este historiador menciona a Jesús sabe cómo hay que hablar de ello. Sólo que se advierte que una mano cristiana ha retocado el fragmento, añadiendo algunas palabras sin las cuales el texto habría resultado casi blasfemo, cortando quizás también o modificando algunas expresiones. Hay que recordar que el éxito literario de Josefo se debió a los cristianos, quienes adoptaron sus escritos como textos esenciales de su historia sacra. Se propagó una edición corregida según criterio cristiano probablemente en el siglo II. Lo que interesa de verdad en los libros de Josefo en este caso son los vivos colores con que se describen aquellos tiempos. Gracias a este historiador judío, Herodes, Herodías, Antipas, Filipo, Anás, Caifás y Pilatos son personajes casi tangibles que nos hacen vivir la realidad. 

Jerusalén


 En ningún lugar santo del mundo han corrido tales ríos de sangre como aquí. En ningún lugar se ha luchado con tal ardor, se ha odiado tan profundamente como en la pequeña ciudad en las calvas, grises colinas rocosas de las montañas de Judá. Tres religiones mundiales -judaísmo, cristianismo e islamismo- hicieron de ella la manzana de la discordia de su creencia. Sin embargo, tampoco en ningún lugar se han rezado tantas oraciones como en Jerusalén. Pues, según intenta explicarlo el escritor Peter Bamm en su libro Lugares de la cristiandad primitiva:
    El motivo de las rencillas acerca de Jerusalén fue siempre la exageración de una virtud, la virtud de la piedad.
Desde los días de Jesucristo, la ciudad ha sido conquistada once veces y destruida totalmente cinco. Mas sus ruinas siguen guardando los recuerdos del pasado, aunque, según opinión de los arqueólogos, la Jerusalén bíblica descansa bajo una capa de cascotes de 20 m de altura. Por ello resulta tan problemático querer reencontrar, como viajero de hoy, la Jerusalén de hace 2000 años. En el año 70 d.de J.C. ocurrió lo que Cristo había predicho: "Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de las naciones." Las legiones de Tito hicieron que la ciudad cayese pasto de las llamas. Al mismo tiempo se roturaron completamente sus alrededores en un radio de 18 km, convirtiéndolos con ello en un desierto calcáreo que aún subsiste hoy. Se derribó la triple muralla, se destruyó y se mancilló el templo de los judíos. Más tarde, los romanos destruyeron totalmente sus pobres restos, cuando los judíos intentaron desprenderse del yugo romano, bajo las órdenes de Ben Kochba (nombre transmitido hasta nosotros por medio de los "rollos del Mar Muerto"). Adriano fundó, sobre las ruinas, una nueva ciudad, Aelia Catolina. Doscientos años más tarde llegó desde Bizancio la piadosa emperatriz Elena para buscar los lugares santos. Buscó y halló el Santo Sepulcro. Desde ese instante, Jerusalén se convirtió en juguete de la historia. En el año 614 fue destruida por los persas, en 637 conquistada por el califa Omar, en 1072 por los seljúcidas,http://sobreturismo.es/wp-content/uploads/muro-de-las-lamentaciones.jpg en 1099 por cruzados cristianos. En el año 1187, el sultán Saladino volvió a arrebatar la ciudad a los caballeros francos, en 1617 asaltaron sus muros turcos osmanlíes. En 1917 entró en la ciudad el ejército inglés. Y desde 1948, Jordania e Israel luchan denodadamente por la posesión de la "Ciudad Santa". Por mediación de las Naciones Unidas se concertó un armisticio. Ambos contrincantes se quedaron con la parte de la ciudad que en aquel momento ocupaban. Surgió una frontera tan casual como absurda. Una salvaje franja con barreras antitanques y alambres de espinos dividió lo que durante milenios había sido una unidad. Un solo acceso unía ambas partes de Jerusalén: la Puerta de Mandelbaum.
El Muro de las Lamentaciones:
Los jordanos prohibieron a los judíos rezar ante el máximo santuario del pueblo hebreo, el Muro de las Lamentaciones. Este muro es el último resto del templo destruido por los romanos. Está compuesto de gigantescos sillares de hasta 1,80 m de alto y 11 m de largo. Once hiladas están cubiertas por las ruinas, catorce aún son visibles. Desde la "guerra relámpago" de Israel en la península de Sinaí en junio de 1967 y la conquista de la ciudad antigua de Jerusalén, los judíos piadosos pueden volver a cumplir sus oraciones ante el Muro de las Lamentaciones. Los viernes y días de fiesta, hombres de largas barbas grises besan las piedras, llorando la destrucción del templo. ¨Podrán arrodillarse también ante el Muro de las Lamentaciones en el futuro? Nadie conoce aún la respuesta. Aún no ha llegado a su fin la tragedia de la "Ciudad Santa".
Santuarios cristianos:
Los santuarios cristianos en Jerusalén han tenido que soportarlas mismas desgracias que los hebreos. Para los cristianos es el monte Calvario y el Santo Sepulcro, que en realidad son un solo lugar, el polo alrededor del cual gira todo en Jerusalén. Se camina por un laberinto de intrincadas callejas y de repente se llega ante la fachada románica de la basílica del Santo Sepulcro. Hace una impresión sombría y decadente. Están representados en ella todos los estilos arquitectónicos de los últimos mil años. En la entrada se topa, para gran sorpresa, con el islam: según un antiquísimo privilegio, el portal de la basílica es abierto por una familia musulmana. En el centro del gigantesco recinto está la iglesia del Sepulcro dentro de un rosario de capillas, todas las cuales hacen referencia a la historia de la salvación. Una de las capillas está construida sobre la roca del Gólgota. Un hoyo enmarcado en plata indica el lugar donde en un tiempo debió de levantarse la cruz. Bajo la cúpula de la iglesia hay una pequeña capilla de mármol con un atrio, la llamada capilla del ángel. En ella se guarda la piedra que los ángeles apartaron del sepulcro de Jesucristo Detrás del Santo Sepulcro. Es un espacio muy reducido, en el que caben, como máximo cuatro personas. Llenan el aire nubes de incienso. Lo iluminan 43 lámparas preciosas, cada una de las cuales pertenece a una de las confesiones cristianas. Los muros están revestidos de mármol. Los peregrinos, sumidos en oraciones, se arrodillan ante la piedra sobre la que debió haber reposado, en la tumba, el cadáver del Redentor. Cinco confesiones, la ortodoxa griega, la católica romana, la siria, copta y los jacobitas, una pequeña comunidad religiosa siria, se han repartido el señorío sobre la iglesia del Santo Sepulcro. Velan celosamente las capillas, las lámparas y limosnas. Junto a la tumba misma se revelan según un plan fijado hasta el minuto vigilando cuidadosamente de que nadie eche su óbolo en el platillo de la religión equivocada. Fue una labor científica de tipo detestivesco el fijar los Santos Lugares, con exactitud, en la Jerusalén varias veces destruida. También en lo que hace referencia a la iglesia del Santo Sepulcro, aún no se está de acuerdo en si realmente se ha construido sobre la colina del Gólgota y la tumba de José de Arimatea. Es demasiado grande el peso de los despojos del tiempo sobre los que sucedió. Se sabe que la Via Dolorosa, la calle a través de la cual Jesucristo llevó su cruz, que, en el transcurso del tiempo, ha cambiado de lugar varias veces. La calle que hoy se llama así, una estrecha callejuela, sólo quiere ser un lugar de piadoso recuerdo. Unas lápidas señalan las catorce estaciones del martirio. La primera está junto al convento de las hermanas del Sion francesas. La decimocuarta y última es la capilla del Sepulcro, en la iglesia del Santo Sepulcro. Es difícil descubrir bajo la actual Jerusalén la ciudad de Jesucristo. El ajetreo, el comercio junto a los Santos Lugares toma no pocas veces formas repulsivas. Sólo en el jardín de Getsemaní, al pie del Monte de los Olivos, hay tanta paz como hace dos mil años, cuando Jesucristo estuvo allí con sus discípulos. Hoy el jardín pertenece a los franciscanos. El Papa confió a esta orden la vigilancia de los Santos Lugares. Desde el jardín de Getsemaní se puede echar una amplia mirada sobre la ciudad con sus volubles murallas. Jesucristo entró en Jerusalén, el domingo de ramos, montado sobre una pollina, entre los gritos de Hosanna del pueblo, a través de la "Puerta Dorada". Hasta el siglo VIII, el patriarca griego de Jerusalén entraba cada año en la ciudad por la "Puerta Dorada". Entonces los árabes la tapiaron. Temían una antigua profecía, según la cual un conquistador cristiano entraría una vez en Jerusalén por esta puerta.